Aldeanueva de Ebro
Miércoles
12°  5° 
Jueves
12°  4° 
Viernes
10°  0° 
tiempo.com   +info

CAMPO RIOJANO

El medio de comunicación de los agricultores y ganaderos riojanos

Estos días, Rioja afronta una nueva vendimia con la expectativa de una gran calidad y la incertidumbre y preocupación por los bajos precios de la uva. Son días de trabajo, de esfuerzo, de nervios… que ponen fin a una campaña marcada por el elevado gasto en la lucha contra determinadas enfermedades, intensos daños de pedrisco en el viñedo y, sobre todo, una crisis, la del coronavirus, que ha puesto de manifiesto la gravedad que la escasa actividad de bares y restaurantes ha significado muy especialmente para el Rioja.

En este contexto, las medidas de apoyo puestas en marcha ante la dimensión de esta crisis sanitaria han sido insuficientes y han decepcionado al conjunto del sector. Lo que viene siendo la crónica de un fracaso anunciado. El Ministerio ha ignorado a Rioja con unos criterios, que a juicio de Arag-Asaja, han sido arbitrarios ya que han beneficiado por encima de todo a los grandes productores, granelistas y destiladores, que son los que se han llevado el grueso del presupuesto de estas ayudas. Ayudas, por cierto, cuyo presupuesto ha salido de ‘remanentes’ del propio sector, sin que se haya puesto un solo euro nuevo por parte del Ministerio, como sí ha hecho Francia.

A las pruebas nos remitimos. Según cifras provisionales de concesión, tan solo 69 viticultores se han beneficiado de las ayudas para la cosecha en verde. Y si hablamos de las ayudas relacionadas con el almacenamiento de vinos en La Rioja, solo 62 bodegas frente a las 574 que comercializaron vino durante el año pasado. Es decir, que de los 90,5 millones de euros que puso en la mesa el Ministerio, La Rioja únicamente ha obtenido 6 millones. En definitiva, ha sido una oportunidad perdida que de haberse planteado con otros criterios y más presupuesto hubiese servido de bastante más de lo que se ha demostrado esta campaña.

Así las cosas, y pese al secretismo con el que una vendimia más el mercado afronta los precios de la uva, todo parece indicar que los viticultores están no solo lejos de recibir un precio justo por sus uvas, sino que además la gran mayoría de ellos ni tan siquiera llegarán a cubrir los costes de producción de esta campaña con una uva de grandísima calidad. Una cuestión inadmisible, que dice más bien poco de la salud de la Denominación de Origen Calificada Rioja. Y es que, aunque los viticultores hemos asumido desde el inicio de la pandemia que los efectos de la crisis sanitaria pasarían factura al precio de la uva por las consecuencias que ésta tendría sobre las ventas del vino de Rioja, el último balance comercial del mes de agosto está lejos de las previsiones iniciales que estimaban unas pérdidas de ventas del 30-35%.

Una razón más por la que no se justifican algunas de las operaciones de compra de uva que estos días han salido publicadas en este medio de comunicación. Y más cuando, precisamente, algunas bodegas no solo han accedido a créditos ventajosos y financiados por las administraciones riojana y vasca, sino que también han recibido importantes ayudas públicas por la crisis del COVID, que sin duda deberían haberse condicionado al pago de precios dignos.

Por otro lado, el dato actualizado de los costes de producción de la viña que publicó la Consejería de Agricultura de La Rioja antes del verano (entre 65 y 67 céntimos de euro el kilo de uva tinta y 54 céntimos el kilo de blanca), debería haber sido una base sobre la que establecer los contratos en la presente campaña.

Lo dice la modificación de la Ley de la Cadena Alimentaria que, tras las movilizaciones del sector, estableció la obligatoriedad de firmar contratos con precios referenciados y nunca inferiores a los costes de producción. Sin embargo, hecha la ley, hecha la trampa, de forma que lo que tendría que ser la base de la negociación de los precios, no está funcionando para mejorar la posición negociadora del agricultor. Cuando, además, no nos olvidemos estos costes que hacen referencia a 2019 no se corresponden con los de esta campaña en la que ni el rendimiento es el rendimiento tipo ni los gastos para sacar adelante la cosecha han sido los mismos por las razones antes mencionadas.

Con todo ello, no se trata de demonizar a bodegas que, por dificultades reales, puedan desatender este planteamiento. Sobre todo cuando también hay bodegas que sí que están haciendo un esfuerzo por respetar los contratos, particularmente plurianuales.

El problema es que, una vez más, parece que tiene que ser el viticultor quien soporte el mayor peso de la crisis. ¿Acaso las bodegas están pagando un 30% menos a sus proveedores de botellas, cajas o etiquetas? ¿Dónde hemos dejado el apellido de Denominación de Origen Calificada? ¿Cómo es posible que el Ministerio, después de vender solo humo, deje en manos del sector la solución a la crisis del vino y no asuma ninguna responsabilidad?

La incompetencia no es excusa y utilizar la excusa del coronavirus para todo, tampoco.