El 10 de noviembre, nuevamente los españoles tenemos cita con las urnas, después del fracaso de las negociaciones de las fuerzas políticas para formar gobierno, tras las elecciones del pasado 28 de abril.

No existe ninguna garantía de que la próxima convocatoria electoral dé lugar a un gobierno estable, ni siquiera a un gobierno, como hemos visto durante estos meses y ya vimos con el gobierno anterior a éste. Sin embargo, la realidad política, económica y social del país impone diálogo, negociación y capacidad de consenso para poder formar gobiernos. De ello tienen que ser conscientes todos los candidatos que concurran en las listas de los próximos comicios, si no, no vale la pena que se presenten, porque no servirá de nada.

Mientras tanto, el sector agrario anhela que un ejecutivo real,  y no en funciones, aborde más pronto que tarde los retos a los que debe informarse, como es la futura Reforma de la PAC, que está en negociaciones y requiere de un presupuesto más elevado; el Brexit;  los acuerdos comerciales que afectan a nuestras producciones, como Mercosur; los continuos ataques de ciertos colectivos a la actividad ganadera, etc. El sector primario es vital para el mantenimiento del empleo y la economía rural, y no menos importante, para frenar la despoblación y para asegurar el abastecimiento alimentaria y la calidad y la seguridad de nuestros alimentos. Por todo ello y por su propia responsabilidad, los políticos que se presenten a las elecciones deben saber que el campo no puede esperar más.