José Ignacio Gurria es fruticultor en Rincón de Soto y ha sido testigo de la evolución de este sector desde los 50 años que ha cumplido. Antaño, el paisaje de su zona estaba dominado por la pera, el melocotón, nectarinas y paraguayos, pero, en los últimos años ha cambiado sensiblemente.

¿Qué tipo de explotación tienes?

Yo vengo de una familia de fruticultores. Aquí, en Rioja Baja es uno de los principales sectores, junto con la viña y los champiñones. Actualmente tengo una explotación con un poco de viña y frutales, produzco pera con Denominación de Origen Protegida y fruta de hueso: melocotón y cereza.

¿Cómo está actualmente el sector de la fruta?

La fruta a día de hoy es una ruina, hablamos de la fruta de hueso, melocotón, paraguayo, nectarina, cereza…Llevamos, desde 2014 que entró en vigor el veto ruso, con una rentabilidad muy limitada para los productores riojanos. Tampoco podemos afrontar la crisis en la que está sumida el sector, ni contamos con el apoyo, ni del gobierno nacional, ni del regional. Llevamos años lanzando un mensaje de socorro, pidiendo ayuda y no nos hacen caso.

Los precios son ruinosos, en la pasada campaña apenas hemos tenido ventas, España estaba saturada. Además del veto ruso nos ha afectado la climatología, las campañas de las distintas frutas se han concentrado en dos meses y el mercado se ha visto saturado. En septiembre recuperó algo pero no ha sido suficiente para compensar nuestra economía.

¿Cómo son las explotaciones frutícolas en La Rioja?

Vivimos en una región pequeña donde las explotaciones frutícolas son de reducido tamaño, familiares, lo que nos impide poder hacer grandes inversiones. No tenemos potencial para poder exportar y el mercado nacional, donde vendíamos nuestra producción, está saturado. Lérida y Aragón son dos zonas importantes de fruta de hueso, que siempre han exportado su fruta pero al estar limitadas por el veto ruso tienen que meter su producto en el mercado nacional y se colapsa. La fruta que no se vende se acumula en cámaras envejece y se termina perdiendo, porque ni siquiera vale para zumo.

El Gobierno regional tiene que darse cuenta de una vez que no podemos continuar así, no podemos mantener las explotaciones, hay gente que ha cambiado las fincas de fruta de hueso por pepita, otros las abandona…. No podemos dejar de lado a este sector porque va terminar por ser testimonial y la fruta da mucho trabajo, se necesita mano de obra para podar, esclarecer, recoger… Una explotación con una producción media de unas 100 ó 150 toneladas necesita prácticamente todo el año 3 obreros, más luego los puestos indirectos que se crean en la manipulación de esa fruta, en la industria conservera, por ejemplo.

¿Por qué crees que la fruta de pepita marcha mejor que la de hueso?

Porque tenemos una Denominación de Origen Protegida que realiza un importante esfuerzo, trabaja muy bien, se promociona, se mueve y se preocupa.

Pero vamos a tener un problema, si la fruta de hueso no funciona,los agricultores van a optar por cambiar el tipo de explotación a frutales de pepita y en un periodo de tiempo corto vamos a hundir a un sector que realmente sí funciona. Pasaría lo mismo si la viña no estuviera regulada, los que tenemos frutales de hueso, si no sacamos dinero los cambiaríamos también por plantar viñas. No podemos pretender solucionar un problema creando otro mayor.

¿Cuál puede ser la solución?

Los fruticultores y ARAG-ASAJA hemos requerido medidas concretas como una reducción de los módulos fiscales para los fruticultores de hueso y una reestructuración del sector. Hasta ahora, los agricultores hemos ido subsistiendo gracias a que tenemos más cultivos que compensan económicamente las pérdidas que tenemos por la fruta pero hemos llegado a un límite en el que ya no podemos continuar.

La Consejería si quiere lo tiene muy fácil, tal y como pasa en el viñedo, que se presente un plan de reestructuración para el sector de la fruta, de tal forma que los agricultores podamos plantar variedades de mayor calidad, de producción más tardía para poder competir en el mercado, poder hacer un cambio varietal o de especie para adaptarnos al mercado. También necesitamos un compromiso para fomentar el consumo ciudadano. Es muy sencillo si se tiene voluntad.