Sergio Gabasa (Logroño, 1977) es un convencido de su nuevo modo de vida: es ganadero, tiene cerca de 75 vacas y una finca en propiedad de 3.000 metros en un pueblo de la sierra riojana.

A él, los efectos de la crisis económica le llegaron cuando ya los medios de comunicación no hablaban de ella. Cuando ya solo se escuchaba recuperación. Era un 30 de noviembre de 2017 cuando la empresa para la que llevaba trabajando veinte años, fabricando somieres y camas, cerró. Y con ella, una etapa de su vida.

Fue la primera vez que se preguntó, qué quería hacer. A qué se quería dedicar. Y se acordó del Urbión. De las raíces de su madre en Viniegra de Abajo. Y decidió, con el apoyo de su mujer, que por primera vez en su vida iba a apostar su esfuerzo y sus ahorros a hacer lo que él quería.

Así se lanzó a criar vacas, sin experiencia, pero con ganas de ser su propio dueño y de la libertad que ofrece esta actividad. ¡Qué voy a saber de vacas! No sabía casi nada. Ahora las curo si tienen heridas, me atrevo a ayudar en los partos… es cuestión de ponerle interés. “Soy un privilegiado por dedicarme a lo que me gusta”

¿Cuál es el primer paso que da una persona que decide hacerse ganadero?

Mi primera llamada fue para Miguel Ángel, presidente de la SAT AROVI. Y la segunda, a ASAJA. No se me olvidará en la vida. Llamé a Ulpiano, el veterinario, y le dije: desde hace 19 días tengo 41 años y quiero ser ganadero. Y él me contestó, pues por 19 días acabas de perder la ayuda de hasta 40.000 euros que da el Gobierno de La Rioja para jóvenes que quieren hacer su primera incorporación. Se me cayó el alma a los pies.

Pero continuaste…

Sí. Desconocía las ayudas, pero había tomado la decisión, así que me lancé. Y compré una pequeña finca, 18 vacas limusinas puras y un novillo, Valentino, en la Feria de Villoslada.

¿Cómo recuerdas los inicios?

Durísimos. En los seis primeros meses, tuve que enfrentarme a papeles y más papeles con la administración para que me dejaran trabajar. Y eso que tenía un pueblo al que acudir… Además, se despeñó el novillo que tenía, se murieron dos vacas… Todavía recuerdo el miedo que sentía cuando llegaba a la explotación, hasta que no contaba todas las vacas no respiraba.

Hacías referencia a la administración, ¿crees que es un buen aliado?

Creo que debería serlo. Ahora mismo, en la agenda de todos los partidos políticos está la lucha contra la despoblación rural y sin embargo los que de verdad apostamos por ello, como podemos ser los agricultores y ganaderos, sólo percibimos publicidad y postureo en lugar de hechos.

¿En qué te basas?

Te voy a poner un ejemplo. He querido comprar un pabellón abandonado en uno de estos pueblos alejados de la capital. El ayuntamiento me exigió una serie de trámites. El primero de ellos era una memoria ambiental que fue rechazada porque no cumplía el retranqueo a dos fincas colindantes, abandonadas y propiedad del Ayuntamiento. Yo puedo entender ciertas cosas pero que tengamos recursos en nuestros pueblos y no les saquemos rentabilidad o demos servicios… no.

¿Cómo estás aprendiendo a ser un ganadero del siglo XXI?

Básicamente con ilusión y la ayuda del resto de ganaderos de la zona. Es una de las mejores experiencias, el compañerismo de este sector en la zona. Y por otro lado, con interés. Piensa que yo desconocía hasta que además de vacas, para poder cobrar algo, necesitabas hectáreas de pasto admisibles que por supuesto yo no tenía y que he tenido que alquilar.

¿Te inquietan los debates sobre la futura PAC?

Me producen incertidumbre. Es una ayuda fundamental. Hasta el punto de que la ganadería no es rentable sin la PAC. Piensa, por darte algún dato, que un ganadero, de una explotación similar a la mía, solo en el pienso de los meses de invierno puede llegar a gasta entre 14.000 y 15.000 euros en la alimentación de sus vacas.

¿No crees que la función social y medioambiental de la ganadería extensiva está poco valorada?

Yo creo que cada vez se valora más y por este motivo, los cambios normativos están introduciendo y por lo tanto valorando estos conceptos. Por eso, soy un firme defensor de que la ganadería extensiva puede ser un modelo de máxima calidad, sostenible y que va a favorecer que se fije población en los pueblos.

Como emprendedor a los 41 años, ¿qué balance haces?

Ahora mismo, si lo analizo con perspectiva, me arrepiento de no haber empezado antes. Tendría más vacas, una mejor explotación… y una mejor forma de vivir. Así que si me preguntas si me veo de ganadero toda la vida, te digo que sí.

Por último, ¿te ha sido útil la ayuda de ARAG-ASAJA en la puesta en marcha de tu proyecto de explotación?

Por supuesto, en la puesta en marcha y en el acompañamiento. En este sector, continuamente hay que estar al día de nuevas convocatorias, ayudas, y obligaciones normativas.