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Vicente Gallarta, en su granja ubicada en Uruñuela

“Hay vida en el porcino después de la Ley de Bienestar Animal”

Vicente Gallarta y su hermano Javier llevan toda su vida en la ganadería. En los años 70, su padre puso en marcha la explotación. Fue comprando cerdos poco a poco, construyó una granja y comenzó a expandir el negocio. En 1992, los hermanos Gallarta tomaron las riendas de la granja, con la satisfacción de su padre por haber logrado que sus hijos continuaran con la explotación que él creó.

La segunda generación de estos ganaderos se dedica 365 días al año a cuidar y criar cerdos y, hoy en día, es una de las granjas de porcino más importantes de La Rioja por su tamaño y por la tecnología que emplean. Con ella, entre otras cosas, controlan con precisión la alimentación y la cubrición de sus animales. Vicente Gallarta es, además, miembro de la Junta Directiva de ARAG-ASAJA, nos recibe en su explotación y nos cuénta cómo está el sector.

La ganadería no ha vivido sus mejores momentos en los últimos años, ¿cómo está el sector porcino en la actualidad?

En La Rioja hay cerca de 240 explotaciones de porcino. La Ley de Bienestar Animal de 2013 hizo desaparecer las pequeñas explotaciones ya que no les era rentable tanta inversión para cumplir con la norma.

Ahora estamos a precio de costo, pero hemos pasado diez meses muy malos, incluso perdiendo dinero. España es una de las principales potencias de porcino, junto con Alemania, pero los precios de nuestra carne son más bajos y los costes de producción siguen siendo elevados, el margen que nos queda es mínimo y depende totalmente de la maña del ganadero. Además, contamos con la competencia desleal de la carne de países de Sudamérica o del Este, que no siguen las normativas de seguridad animal que nosotros tenemos que cumplir.

¿A qué problemas y novedades se enfrenta el porcino?

La crisis nos ha afectado, qué duda cabe, pero como ya tenemos callo en la resistencia ante las adversidades, quizás la hemos notado menos que otros sectores. Los productores de porcino somos relativamente jóvenes, la Ley de Bienesta Animal nos ha obligado a renovarnos e invertir en nuesvas tecnologías.

El panorama actual se resume en unos bajos precios de la carne, el aumento de los costes de producción y la competencia desleal de terceros países. En nuestro caso también, el alto coste del seguro de retirada de cadáveres, que supone un importante problema para el ganadero de porcino, aún estando subvencionado, el precio es abusivo.

Un punto que habría que potenciar es el tema de los abonos orgánicos que aportan mayores nutrientes al suelo, para que los agricultores los empleen más en vez de abonar con abono químico, que contamina mucho más.

¿Qué diferencia existe entre los modelos de producción anteriores y posteriores a la Ley de Bienestar Animal?

Al principio fue un caos, la normativa obligaba a tener las cerdas en grupos, mayor espacio para los animales, lo que obligó a reducir el número de cabezas, cambiar el sistema de rejillas… Para los animales también fue duró, se peleaban, abortaban, tenían una alimentación sin controlar, más facilidad para propagar enfermedades (el cerdo es un animal susceptible a muchas enfermedades), además de grandes inversiones…

Tras tres años, tenemos un mayor control de la explotación y animales más tranquilos, aunque las peleas son inevitables y, en el caso de detectarse alguna enfermedad, existe una mayor facilidad de contagio, cosa que con limpieza y desinfección puede solucionarse.

¿Cómo es el trabajo en una explotación porcina?

Es un trabajo muy duro, como es la ganadería en general porque los animales hay que alimentarlos todos los días y no entienden de vacaciones. Afortunadamente, nosotros estamos dos personas y nos turnamos pero requiere una atención todos los días del año.

Hay que limpiar todos los días los purines, limpiar y desinfectar las estancias de donde se van a sacar animales y meter otros; vacunar, inseminar y estar pendientes cuando están de parto, aunque el tipo de cerdo que tenemos es muy rústico y no necesita mucha ayuda en este aspecto. Nosotros en la granja lo hacemos todo. Es una vida intensa y estresante pero, a nosotros, nos gusta.

Sistema automatizado de alimentación

La granja Gallarta tiene automatizada la alimentación mediante un sistema electrónico que calcula con mucha precisión las cantidades  para cada cerda. Mediante un chip que lleva cada animal en la oreja,  la máquina lo reconoce cuando se acerca a la tolva y le suministra solamente el pienso necesario. Cuando la cerda se aleja, el suministro cesa, y el ordenador contabiliza lo comido, así hasta los 3 kg. diarios que debe comer cada una.

El sistema proporciona información de lo que come, las veces que lo hace y, en caso de detectar algún problema, se puede actuar a tiempo