La amenaza de Trump de subir los aranceles a determinados productos agroalimentarios  como el vino, las frutas y hortalizas, los quesos, el aceite y la aceituna se ha hecho realidad. La medida se ha materializado en una subida del 25% de las tasas que pagan estos productos procedentes de los países europeos socios del consorcio Airbus (España, Francia, Alemania y Reino Unido), como penalización por el daño que sufrió la industria aeronáutica americana por las ayudas que la UE daba a Airbus.

Es decir, que el sector agrario europeo se ve perjudicado directamente por una acción llevada a cabo por otro sector y, especialmente, La Rioja sale damnificada porque gran parte de su producción agroalimentaria coincide con la vetada por las medidas americanas. Estados Unidos es el mayor consumidor global, el cuarto mercado para España, y el tercero para el vino de Rioja. De los 95 millones de litros que Rioja exporta, casi el 10% de nuestros caldos se consume en este país.

Trump justifica esta medida en el desigual coste que supone para los productos norteamericanos entrar en Europa que dice ser mucho más elevado que el acceso de los productos europeos en su país. Bromas aparte, argumentar esta razón es actuar con arbitrariedad y deslealtad.

ARAG-ASAJA denuncia que como ya sucedió con el veto ruso, la agricultura vuelva a ser el chivo expiatorio de conflictos políticos o económicos ajenos al propio sector y espera que la Unión Europea actúe con coherencia y justicia, así como que el Gobierno nacional refuerce su presión para que así sea.