Desde las tres organizaciones profesionales agrarias riojanas: ARAG-ASAJA, UAGR-COAG y UPA, manifestamos nuestro respaldo y apoyo a todos los agricultores y ganaderos que día a día, con su trabajo y su esfuerzo mantienen vivas las zonas rurales de nuestro país.

Para que esto siga siendo posible, y ante la difícil y desalentadora situación en la que nos encontramos, pedimos a los organismos gubernamentales:

 1- Una política de precios justos que favorezca la rentabilidad de las explotaciones.

En nuestra región sufrimos actualmente una severa crisis en cultivos tradicionales; en los frutales de hueso, los cultivos hortícolas asentados en la ribera del Ebro y el cultivo extensivo de remolacha, que desciende año a año su importancia en la zona de Rioja Alta. La ganadería de ovino extensivo sufre, además de sequía y de la continua presión del lobo en nuestras sierras, una crisis de precios asociada a la importación de carne de otros países que hunden a nuestros ganaderos.

 Nuestros viticultores, tienen muy presente la amenaza que suponen situaciones internacionales recientes (Brexit, aranceles estadounidenses y nuevas plantaciones sin regulación). Este año hemos tenido un descenso del 20% del precio de la uva con respecto al 2018. Otro descenso amenazaría seriamente la rentabilidad del sector vitícola en nuestra región.

Apostamos por el correcto desarrollo y cumplimiento de la Ley de Cadena Agroalimentaria que dé seguridad y garantía a nuestros productores, en consonancia con un Observatorio de Precios que refleje los precios reales que tienen los productos agrícolas y ganaderos.

  2- Unas Políticas Agrarias justas.

 Pedimos restablecer en la próxima PAC la preferencia comunitaria con establecimiento de medidas protectoras frente a la competencia desleal llegada de países terceros.

 Desde las instituciones públicas se deben respetar los estándares de calidad y las exigencias medioambientales en los tratados que firma la Unión Europea con terceros países, para competir en igualdad de condiciones.

 Ante el envejecimiento progresivo del sector, pedimos políticas activas dirigidas al relevo generacional, apoyando la incorporación de jóvenes mediante la incentivación de la transmisión de explotaciones agropecuarias. También apostamos por el reconocimiento del trabajo de las mujeres en las explotaciones.

Así mismo, necesitamos políticas dirigidas al mantenimiento y desarrollo de las explotaciones agrarias profesionales aplicando para ello una política fiscal que no solo permita incorporar nuevos profesionales, sino permitir a los actuales ser más competitivos.

 Necesitamos incrementar la creación y mejora de las distintas infraestructuras necesarias para el desarrollo de la actividad agraria y ganadera, además de la mejora de regadíos para una adecuada gestión del agua de riego.

3- La agricultura y la ganadería como freno al despoblamiento rural.

 Es indudable que la actividad agrícola y ganadera es el principal muro de contención frente al despoblamiento rural. Con independencia de modas pasajeras, nuestra actividad es un pilar fundamental que fija y arraiga a las familias en los pueblos, manteniéndolos vivos y económicamente activos.

Para afrontar este reto poblacional, el mundo agrario es un factor indispensable que tiene que jugar un papel fundamental en la conservación de la población rural, poniendo en valor a las personas que se dedican al sector primario como agentes imprescindibles en el mantenimiento de la vida más allá de las ciudades.

 Así pues, las políticas de Desarrollo Rural no pueden en ningún caso discriminar las explotaciones agrarias frente a otras vertientes productivas asociadas al medio rural, sino que deben tener en cuenta la convivencia y la buena armonía entre todas las actividades. De igual forma, estas políticas deben estar gestionadas por los mismos entes que se encargan de las políticas dirigidas al sector primario.

 4- Contra las amenazas y el desprestigio del sector agrario.

 En la actualidad, nuestro sector está expuesto a una serie de amenazas contra las que tiene que luchar día a día, a menudo sin las herramientas necesarias para enfrentarse a ellas.

 Durante los últimos años se ha producido un aumento a niveles límites en los daños causados por la fauna silvestre tanto en diferentes cultivos como en nuestras cabañas ganaderas. Por esto, pedimos un programa de sostenibilidad que garantice la convivencia entre la fauna silvestre y la actividad agraria. Resulta imprescindible un control de las poblaciones salvajes para encontrar un equilibrio en el ecosistema agrario. Para ello exigimos al Gobierno de La Rioja un plan de acción con medidas excepcionales y la urgente modificación de la Ley de Caza.

 Necesitamos el apoyo y la mejora de los seguros agrarios ante las nuevas circunstancias que año a año vamos observando como consecuencia del cambio climático que estamos sufriendo: sequías prolongadas, lluvias torrenciales con sus consecuentes inundaciones, y heladas y pedriscos cada vez más violentos y dañinos.

 Los agricultores y los ganaderos estamos sufriendo continuas campañas de desprestigio y desprecio. Pedimos que se reconsidere el papel de nuestros agricultores y ganaderos, poniéndolos en el lugar que merecen, como el verdadero sustento alimentario de toda la ciudadanía.

 Además, la creciente burocracia, cada vez más inasumible, hace que los agricultores y ganaderos tengamos que invertir una cantidad de tiempo desproporcionada para el tipo de actividad que ejercemos. Pedimos poder agilizar y flexibilizar los trámites burocráticos, para poder dedicarle tiempo a lo que realmente estamos destinados.

 Por último, reclamamos mayor vigilancia en las zonas rurales por parte de los efectivos de orden público, para evitar los continuos robos de maquinaria, almacenes y también en los cultivos, que venimos sufriendo durante los últimos años. Cada vez son más graves, hasta tal punto que pueden causar la desaparición de una explotación.

  Todas estas peticiones y reclamaciones no son exclusivamente en beneficio de agricultores y ganaderos, son también en beneficio del conjunto de la comunidad, ya que una sociedad que no luche y valore su sector primario estará condenada irremediablemente a ser, más pronto que tarde, insostenible y dependiente de recursos externos de inferior calidad y salubridad.