La vendimia es la época de mayor movimiento en el campo riojano y, también, de mayor preocupación. El trabajo de todo el año pende de un hilo durante la campaña, en cuanto a los fenómenos climatológicos que puedan darse, pero a ello se le suma la incertidumbre por el precio de la uva.

El éxito de cada añada empieza en la propia tierra. El buen hacer de los viticultores da nombre a la calidad de nuestras uvas y vinos y, en ocasiones, este esfuerzo no se ve correctamente  compensado. Por ello, ARAG-ASAJA exige a las bodegas que el precio que paguen esté a la altura del valor que aportarán las uvas que, por cierto, se estima que este año sea excelente. Por otro lado, recuerda a los viticultores la obligatoriedad que tienen las bodegas de firmar un contrato de compra-venta de uva con su proveedor, en el que figure, además del precio de la uva, un primer pago que deberá cobrarse en un plazo máximo de 30 días tras la última entrega, tal y como establece la Ley de Mejora de la Cadena Alimentaria y un segundo pago para cobrar dentro de los treinta días siguientes a la calificación del vino con DO.

El viticultor debe conocer, por tanto, el precio de su trabajo de antemano y  también cuándo lo va a percibir, para poder planificar su propia economía.