El sector cerealista vive estancado en precios de hace décadas. Hace ya varios años  que los precios del cereal se deciden en las bolsas financieras de las principales sedes mundiales y fluctúan en función de los cambios de cotizaciones. Poco tienen que ver los costes de producción, que siguen siendo elevados y fijos, o la calidad de las producciones, que van mejorando con los años pero no se ven reconocidas en el precio.  Por eso, resulta irrisoria la justificación de que la subida del pan se debe al encarecimiento de los cereales porque si así fuera, cuando estos bajen también debería hacerlo el precio del pan y eso nunca sucede.

Este producto de primera necesidad ha subido año tras año, cosa que no ha sucedido con la materia prima que lo compone, pero sí con sus costes de producción. El alza de los inputs incide negativamente en los costes de producción. Según los cálculos de ARAG- ASAJA respecto al otoño de 2017 el precio de los carburantes se ha incrementado alrededor de un 36 %  y más de un 10% en el de los abonos, y por el momento las cotizaciones siguen al alza.

Por tanto, en opinión de ARAG-ASAJA, aunque puede pasar que los panaderos paguen más cara la harina para el pan, los agricultores no han percibido más ingresos por el cereal, así que habrá que preguntarse quién se ha quedado esa ganancia.