TRIBUNA POR SAN ISIDRO EN DIARIO LA RIOJA

En 2020, en plena crisis por la pandemia del covid-19, el sector primario y las personas que trabajan en él pasaron a ser consideradas como esenciales ante la situación de emergencia. Mientras el mundo enteró se detuvo, agricultores y ganaderos continuaron cultivando y produciendo alimentos para una sociedad que empezaba a valorar la importancia de todos ellos.

Han pasado seis años y la memoria es frágil. De aquellos aplausos y reconocimientos por parte de nuestros gobernantes en nuestro país y en Europa, hemos pasado al olvido o algo a peor: a las trabas legales, a los acuerdos trampas, a las decisiones erráticas, a los intereses creados y a la competencia desleal.

Todo ello pese a que la agricultura y el sector agroalimentario son pilares básicos de la economía riojana. Según estudios recientes, el sector agrario representa alrededor del 6,1 % del PIB regional, frente al 2,7 % de media en España. Supera el 20% del Valor Añadido Bruto de La Rioja y entre el 10% y el 13,5% del empleo está relacionado con actividades del sector agroganadero.

Somos parte del entramado económico, social y cultural de esta región. También de España y por supuesto, de Europa. Aportamos riqueza y ofrecemos nuevas perspectivas de vida para muchas personas. Porque gran parte de aquellos que conseguirán fijar de manera legal su residencia en La Rioja y en España encontraron en el sector agrario su primer empleo, muchos en zonas rurales de nuestra geografía.

No es posible entender La Rioja, España y Europa sin la agricultura y la ganadería. Han sido sustento para centenares de generaciones que ha ofrecido los mejores alimentos, más seguros y saludables, apostando por la conservación del medio ambiente. Porque no nos engañemos, todo el que puede – y es una cuestión de mirar el bolsillo- elige consumir el producto local (manzanas, puerros, quesos, carnes, tomates…), cultivado y producido en nuestras huertas y campos, en nuestras explotaciones, pues sin duda, es el más deseado por ser el mejor.

Quienes toman las decisiones que rigen nuestra alimentación, lo saben. Y pese a ello, estamos comprobando cómo desde instancias europeas y nacionales se apuesta por traicionar al sector agrario mediante acuerdos como el de Mercosur. Un acuerdo que, pese al cuestionamiento al que lo ha sometido el propio Parlamento Europeo, la Comisión Europea ha permitido su puesta en marcha de manera provisional el pasado 1 de mayo. Para sorpresa de nadie, se ha estrenado con la importación de miel procedente de Argentina. 22.138 kilos de miel natural. Mientras a nuestros apicultores se les exigen medidas extraordinarias para respetar el medio ambiente, producciones argentinas sin esas cortapisas camparán a sus anchas por nuestros supermercados y tiendas de alimentación. A menor precio, claro. Además, un estudio ya indica que el tratado de Mercosur expulsará a miles de ganaderos europeos sin que esto abarate el precio de la cesta de compra. Es decir, pagaremos más o igual que ahora, por carne de menor calidad y sin los estándares de sanidad exigidos aquí. Un negocio redondo, pero ¿para quién?

Desde luego que no para los consumidores y productores europeos. ¿Y entonces?

En la actualidad, nos enfrentamos además a otro desafío: la política internacional deja un escenario lleno de incertidumbres. La guerra en Oriente Medio y sus consecuencias afectan y mucho a nuestro trabajo, a los precios que pagamos por los fertilizantes, el gasóleo y demás insumos. Y sin ellos, no podemos seguir adelante. No podemos elegir: el agricultor debe utilizar fertilizantes para garantizar su cosecha y el ganadero debe alimentar a sus animales y trasladarse hasta sus explotaciones. Si lo dejamos de hacer, dejaremos de producir alimentos y eso redundará en la salud pública de toda la sociedad. No estamos solos en esta guerra, que es la de asegurar nuestro pan, sino que luchamos en el mismo bando del resto de los riojanos y riojanas.

Esto no va de medidas puntuales, esto va de apoyar al sector que garantiza la soberanía alimentaria que conocieron nuestros padres y abuelos. Va de apostar por la existencia de miles de familias y de defender La Rioja que queremos, que nos ha sido legada y que  deseamos para nuestros hijas e hijos. Pero viviendo de nuestro esfuerzo, de la rentabilidad de nuestro trabajo, en igualdad de condiciones para lo que se produzca fuera y no de ayudas, que, aunque desgraciadamente son necesarias en estos momentos, no generan confianza ni labran futuro en el sector.

La gente del campo ya demostramos la última vez hace pocos meses que no nos íbamos a quedar mano sobre mano viendo como todo lo que hemos construido, todo lo importante, lo malvenden en Europa. Y seguiremos luchando para que esto no sea así, para que se tomen las decisiones correctas y se apoye el relevo generacional.

Por eso, este 15 de mayo, Día de San Isidro, no solo celebramos el trabajo de la tierra: se reivindica la dignidad de quienes la hacen posible.

Porque sin campo no hay  seguridad alimentaria ni futuro para nuestra sociedad. Este día es un grito firme de ARAG-ASAJA por el reconocimiento real del sector agrario, por condiciones justas y por un mundo que no dé la espalda a quienes lo alimentan. Seguiremos luchando para que esto sea una realidad.

 

 

1000 760 Arag-Asaja
Buscar...